La historia termina mal, como es sabido: con un poeta asesinado.
En esta historia la belleza de una azucena sucumbe ante el tropel de botas y sus pisotones marciales. En esta historia no triunfa el amor.
Es España. Es 1936. Es Granada. Allí se sucederan lo hechos fatales. Se realiza un operativo en la huerta de la familia Rosales. Los falangistas van armados de tal forma que pareciera que su enemigo es más poderoso que todas sus armas. Pero sólo hay un poeta. De allí se llevarán a Federico como prisionero. Los días posteriores familiares y amigos realizaran negociaciones, peticiones para que lo liberen, pero nada saben de él. La familia Rosales no se detiene, busca retrasos que nunca llegan, entrevistas con el gobernador. Nada resulta. El poeta ya no está. Luego de golpes y humillaciones fue fusilado junto a tres personas más. Sus cuerpos insepultos estaban a la vera del camino. Y allí comienzas los susurros una queja que no para. Y esos susurros se hicieron gritos y esos gritos se hicieron versos. Todo sigue reclamando justicia.
A 75 años del asesinato de Federico García Lorca la poesía hace justicia. El poeta es actualmente el escritor español más leído en todo el mundo.
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